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Vacaciones Solidarias
Más que un proyecto educativo, un acercamiento cultural


Los voluntarios trabajaron en tres escuelas de la zona occidental del país para desarrollar un ambicioso plan de trabajo educativo y lúdico con los alumnos. Este es el tercer año consecutivo que el programa se desarrolla en el país.

Malcom es inglés. Su piel clara se torna rojiza bajo el calor del techo de lámina del Centro Escolar Los Lucas en Nahuizalco, especialmente cuando se acerca el medio día y con él llega el momento de que los alumnos regresen a casa.

Pero curiosamente hoy no quieren irse. Quieren seguir compartiendo con el “chele” de ojos azules que viene de lejos. Algunos se quedan un rato más después del timbre, para pasar un buen rato con Malcom, que aunque habla muy poco de español, se ha ganado el cariño de los pequeños.

Malcom es uno de los diez europeos que conforman el equipo de “Vacaciones Solidarias” un programa derivado de la Fundación Telefónica que tiene como fin la interacción de los empleados de esta compañía con alumnos de las escuelas de diferentes países de Latinoamérica, en los que se desarrolla Proniño.

La visita tiene un propósito educativo. Los Voluntarios traen preparado un plan de trabajo educativo que deben desarrollar durante las tres semanas que permanecen en el país. Los centros escolares de Shucutitan, Los Lucas y Arenales, todos en Sonsonate, fueron los elegidos para la visita.

En esta ocasión, el grupo de Voluntarios cuenta además con dos miembros de la operadora local, Fernando y Arely, quienes además de participar activamente en los proyectos, sirven como traductores y guías a los extranjeros.

Sin embargo, no todos necesitan mucha ayuda. La alemana Betina, habla perfectamente español y se desenvuelve muy bien con los niños. Este año, dedicó sus tres semanas de vacación para estar aquí. “Dejé a mis hijos y mi esposo, pero la experiencia ha sido fantástica. Ha valido la pena” expresa.

Pilar es española, por lo que su peculiar acento llama mucho la atención de los niños. “Cuando los conoces, se te cae el alma” comenta Pilar al comenzar a hablar de los niños. “Son estupendos, respetuosos, muy curiosos y aprenden muy rápido. Hemos desarrollado con ellos una presentación de nuestros países de origen y qué es lo que hacemos en la empresa. Al principio fueron tímidos, pronto se sueltan y hacen preguntas” agrega.

La idea de vacaciones Solidarias es que los Voluntarios pongan sobre la mesa sus talentos y habilidades. Malcom ha realizado talleres de música y ha dado clases de inglés con apoyo de la maestra de turno. Pilar ha apoyado el área de informática, incluso realizó un taller con madres de familia, quienes mostraron gran interés.

También en el tema de informática, el español David, luego de su experiencia en Arenales, comenta en su blog: “como dice el anuncio: viajar a El Salvador tiene precio, y montar una aula de informática en una escuela también, pero ver a un niño o niña como enciende un ordenador por primera vez en su vida, eso no tiene precio”

Entre otras tareas los voluntarios desarrollaron cursos rápidos de fotografía, manualidades, talleres de motivación, salud bucal, deporte. Pero más allá del trabajo educativo, la riqueza cultural que genera Vacaciones Solidarias no tienen precedentes.

“Yo nunca había conocido a alguien de otro país. Ahora conozco gente de España, de Inglaterra y de Irlanda. Los Voluntarios han sido muy amables, me gusta que hayan venido” comenta Ivette, alumna de sexto grado de Los Lucas.

Por su parte, Danilo Melèndez, director de este centro escolar dice sentirse privilegiado por la visita de los voluntarios. “Esto es un nacimiento de amistad y hermandad. La llegada de los muchachos ha representado para nuestra escuela un intercambio cultural que nunca habíamos experimentado. Hemos compartido con ellos, y nos han enseñado mucho. Su aporte a la labor educativa será de mucho provecho para los niños” comenta.

Luego de 21 días de trabajo continuo, los Voluntarios vuelven a sus países de origen. El último día fue el más difícil de todos: la despedida. El grupo ha recorrido las tres escuelas para decir adiós. En cada una, se les dan las gracias muy al estilo de los niños: música de banda, bailes, pupusas.

Al siguiente día, las escuelas vuelven a su rutina diaria, pero con una cuota de recuerdos y experiencias invaluables.